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| EL MONASTERIO DE LORSCH
UNA EXCURSIÓN A LOS TIEMPOS CAROLINGIOS
A primera vista, Lorsch puede decepcionar. ¿Acaso no existe un monasterio mejor conservado en Alemania? ¿Por qué Lorsch es considerado un Patrimonio Mundial? Pocos tienen idea de sus simples comienzos en el año 764, cuando el Conde Cancor y su madre Williswinda regalaron un solar de su propiedad en Lorsch a Crodegang, un pariente, para la fundación de un convento. En aquel entonces, Crodegang ocupaba un cargo sumamente influyente como único arzobispo al norte de los Alpes, tanto ante la corte corolingia como ante el Papa en Roma. Nostros lo conocemos como uno de los influyentes reformadores de la vida espiritual y monástica de su tiempo, como fundador de varios monasterios hoy día ubicados en su mayoría en Francia, y como “padrino” de la dinastía carolingia. Los primeros monjes que llegaron a Lorsch provenían de su fundación Gorze (hoy Francia). En el año 765, Crodegang hizo donación a Lorsch de unas reliquias del mártir romano Nazario, reliquias que había recibido de las manos del Papa — símbolos de la intensa relación entre el reino franconiano y el papado de romano. La donación de Crodegang significó el comienzo de un vertiginoso desarrollo de nuestro pequeño convento, que no tardó en convertirse en un importante santuario y lugar de perigrinación. Muchos peregrinos acudieron a Lorsch para venerar las reliquias, y eran pocos los que llegaban con las manos vacías. En el espacio de un solo siglo, la fundación creció al punto de convertir el monasterio en uno de los lugares más importantes para la historia económica de Europa. Ya bajo su segundo abad, la comunidad de monjes creció de tal manera que se hizo necesario encontrar un nuevo sitio para el monasterio, a unos pocos cientos de metros al oeste de su antiguo emplazamiento. De modo que en su comienzo, el monasterio fue propiedad privada de una familia noble, perteneciente a una de las familias más importantes de la nobleza de su tiempo. Empero, bajo el abad Grundeland, hermano y sucesor de Crodegang – y él mismo miembro de esta familia – los antiguos lazos familiares fueron rotos: en 772, Grundeland entregó el monasterio a manos del rey. Este procedimiento legal, tal vez el primero de su tipo, convirtió a Lorsch en una propiedad del rey Carlomagno (768-814). En su calidad de monasterio real, Lorsch gozaba de numerosos privilegios, que favorecieron su desarrollo, pero también le impusieron tareas y obligaciones. Por ejemplo, una de las obligaciones era el encargo de rezar diariamente por el rey y su familia. Todos los años debían apoyar las acciones militares del monarca con personas y material, y no en último lugar debían pagarse las contribuciones, sin las cuales el rey hubiera sido incapaz de organizar su reino. Cabe tener en cuenta que complejos económicos tan vastos como Lorsch a menudo eran mucho más grandes que la posesión sobre la cual podía disponer el rey como persona. Así por ejemplo, Lorsch percibía sus entradas de todas las partes del reino, desde el Mar del Norte hasta los Alpes, de los que hoy son seis países, a saber: Alemania, Suiza, Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos. La administración y organización de todas estas posesiones representaba una considerable empresa. Cuanto más eficiente era esta organización, tanto más ventajosa era para el soberano, razón por a cual el rey prestaba su apoyo activo a numerosas iniciativas del monasterio en muy diversos ámbitos. Así, el rey fomentó la habilitación de nuevas tierras para agricultura y asentamientos. En aquel tiempo, el reino estaba cubierto por grandes selvas que era necesario desmontar — una tarea gigantesca, cuyo comienzo, según es posible verificar, se remonta a los comienzos del siglo IX, alcanzando su punto máximo en el siglo XI. La habilitación de nuevas áreas de asentamiento fue una consecuencia de no poca importancia para el progreso de la historia de la mentalidad euopea — la valuación del trabajo manual. La obligación más importante era la oración. Siete veces por día, todos y cada uno de los monjes debían interrumpir lo que estaban haciendo y dirigirse a la iglesia para rezar. En Lorsch, esta iglesia era una enorme basílica con un ábside en el este, tres naves y un complejo de construcción (todavía insuficientemente aclarado arqueológicamente) en la entrada occidental, que tal vez consistía de varios pisos, con una sala en el piso superior especialmente reservada para el rey. La importancia de la Farmacopea de Lorsch no sólo reside en el hecho de que el libro contiene mayormente antiguos textos conservados para la posteridad; más importante aún es que su prefacio se ocupa de la pregunta de cómo convendría que una sociedad cristiana trate las tradiciones de la antigüedad pagana. En los tiempos carolingios se encontraron respuestas positivas a esta pregunta. Gracias a ello, muchos textos de autores antiguos fueron copiados en los escritorios carolingios y sólo así fueron conservados para la posteridad. Se trataba de encontrar el fundamento, una razón: en el prefacio de la Farmacopea de Lorsch, el autor, desconocido para nosotros, encuentra un fundamento para el hecho de que no solamente es permitido, sino hasta necesario, ocuparse de la medicina antigua, en razón de que el cuidado de los enfermos forma parte de las obligaciones primordiales del amor al prójimo predicado por el cristianismo. El monasterio de Lorsch es un buen ejemplo de cómo la sabiduría de la Antigüedad pudo perdurar en la Edad Media. El monasterio poseía una de las más grandes bibliotecas de Europa. En ella se encontraban muchas copias de autores antiguos, muchas de ellas muy raras, además de las obras de los Padres de la Iglesia, comentarios sobre la Sagrada Escritura y obras que trataban de las disciplinas que por aquel entonces formaban parte del canon de la educación. En la Edad Media, los monasterios poseían un virtual monopolio de la educación. Unicamente en las grandes catedrales y los monasterios podía obtenerse instrucción superior exigente, y en ellos se reunían y se difundían los conocimientos disponibles de la época. Y los libros eran una posesión preciosa, un patrimonio con frecuencia guardado y cuidado junto con el tesoro de la iglesia. El corazón de un monasterio es el complejo de edificios formado por la iglesia y el claustro. La creciente riqueza, los cambios en la práctica litúrgica y los estilos arquitectónicos cambiantes llevaron a numerosas transformaciones, que hoy día tratamos de examinar y averiguar mediante los medios de la arqueología. En Lorsch encontramos muchos fragmentos de construcción y escultóricos que nos demuestran cuán importante había sido aquí la arquitectura perdida en nuestros días. Para Lorsch, la etapa de su mayor expansión arquitectónica ya comenzó a fines del siglo IX, cuando el Rey Luis el Alemán (817-876) decidió hacer construir aquí una sepultura para sí mismo y su dinastía. Al parcer, la primera parte en desaparecer fue el pequeño atrio frente a la entrada occidental de la iglesia; es probable que una extensión de la iglesia fue luego construida encima de este atrio. El edificio eregido por aquel tiempo estaba emplazado directamente en el lugar en que hoy se encuentra el único resto conservado de la basílica del monasterio. En el lugar del atrio ahora cubierto por otra estructura se creó un imponente nuevo antepatio, rodeado al norte y al sur por galerías cubiertas. Es dable asumir que simultáneamente con este nuevo gran atrio fue construída la así llamada “Sala Real” [Königshalle], que por lo tanto dataría de fines del siglo IX. Junto con ella, y probablemente de parecido estilo ornamentado, se construyó la capilla del rey en la cripta, unida al ápside de la iglesia del monasterio del lado oriental. La capilla de estilo decorativo era conocida como la “capilla multicolor” (ecclesia varia). Estas transformaciones tuvieron lugar entre los años 876 y 882. La “Sala Real” es la única construcción conservada hoy como testigo de las mismas. Hasta hoy no sabemos exactamente cuál era la función de este edificio. Esta constatación se refiere a la construcción como tal, así como también al recinto en el piso superior, que más tarde fue una capilla. Para una época carolingia, de la cual aquí se conservan restos de pinturas murales, cualquier uso litúrgico queda prácticamente descartado. En el curso de los siglos, el edificio fue objeto de numerosas transformaciones. En el siglo XIV, el anterior techo mucho más plano fue reemplazado por la construcción del característico techo empinado que conocemos hoy. Hoy día, la “Sala Real” con razón es uno de los más importantes ejemplos de las influencias ejercidas por los estilos de construcción y decoración de la Antigüedad. Lo excepcional es encontrar una fachada tan multicolor y rica en detalles clásicos. Sólo aquí en Lorsch se ha conservado una superficie (pared) exterior tan ornamentada, que en la antigua investigación únicamente podía explicarse con la existencia de extensas relaciones a través de amplios espacios geográficos, relaciones con Bizancio o hasta con el Iraq de nuestros días. En efecto, la mayoría de los elementos pueden explicarse a partir de la tradición romana y por la adaptación del lenguaje de las formas romanas a la comprensión franco-germánica. Es típico para el arte de este tiempo – como también para la arquitectura – que elementos antiguos aparezcan mezclados y fusionados con elementos contemporáneos. La “Sala Real” es el ejemplo arquitectónico más impresionante para esto. También en tiempos recientes se ha reflexionado mucho sobre la posible función del edificio independiente que se encontraba en el antepatio. ¿Acaso se encontraba aquí la gran biblioteca del monasterio, de la cual aún hoy conocemos trescientos volúmenes diseminados en más de 50 bibliotecas en todas partes del mundo? ¿Acaso fue éste el lugar en el cual el abad solía dar la bienvenida a 20 reyes y emperadores, y en 1052 hasta a un Papa, cuando estos altos dignatarios visitaban el monasterio de San Nazario? ¿O se trataba de un relicario de enormes dimensiones en el cual se exhibían las reliquias del Santo? Actualmente, entre las numerosas posibilidades, la más plausible es la teoría de una sala de recibo para el soberano. Después de atravesar la “Sala Real”, el visitante se hallaba en una de las iglesias medievales más grandes de Europa Cantral de la época anterior al año 1000. Innumerables fuentes nos informan de la decoración extraordinariamente rica de los recintos interiores y los numerosos altares. Nada de todo esto se ha conservado. No obstante, los restos románicos de la anteiglesia nos ayudan imaginar la antigua altura y anchura de los recintos. Al parecer, casi la totalidad de la antigua decoración interior fue destruida por el catastrófico incendio del año 1090. Mas alrededor de 1100 ya se había sobrepasado el cenit del monasterio. La reedificación llevó casi medio siglo. Hoy se guardan valiosos objetos encontrados en las ruinas de la antigua basílica — entre los cuales sin duda el más importante es un sarcófago probablemente conectado con el rey Luis el Alemán (†876). La catástrofe del año 1090 marcó un punto decisivo en la historia del monasterio. A partir de ese año registramos una lenta disminución de su importancia, acompañada de la pérdida de importancia económica. En 1232 la abadía perdió su más importante privilegio, su independencia, y fue subordinada al arzobispo de Maguncia. Mas al parecer el monastrio experimentó otra breve época de florecimiento en el siglo XIV: muchos de los edificios que formaban el conjunto arquitectónico obtuvieron un nuevo aspecto en ese tiempo — este aspecto nos es conocido de la única reproducción auténtica de la época alededor de 1615. Lorsch seguía siendo un complejo arquitectónico notable. Su fin llegó en el siglo XVI. En 1656, la Reforma condujo al fin de la vida conventual. Es cierto que el monasterio fue ocupado por una administración mundana, pero la pertenencia de Lorsch al Palatinado protestante condujo a que durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) el monasterio fuera devastado por tropas católicas. La gente usó las antiguas ruinas como una cantera. Hoy existe un parque en el lugar donde antaño se hallaba el monasterio. Informaciones Museumzentrum Lorsch, Nibelungenstrasse 32, D-64653 Lorsch, Alemania
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